Revisitando KOPLA VERA por Alejandro Morandini.

Revisitando KOPLA VERA por Alejandro Morandini.

Salta, martes 22 de septiembre de 2026.

Jesús Ramón Vera ante las cámaras – Como si huyeran de sí mismos

A propósito de Kopla Vera, para Mientras tanto en Cotópolis. FM Dínamo 100.9

“También soy comparsero” espeta frente a la cámara, mira de reojo a la ciudad, responde así a una condición del paisaje. Es un artista popular.

Vemos el golpe de la lluvia sobre los techos de zinc, escuchamos su evocación rural, las referencias al bagual indómito, al animal, al domador. Al padre. La sombra insuperable del padre.

Para el artista lo importante es el problema con la sociedad. Y recuperar la ingenuidad, la inocencia, volver a escribir como un bruto, dice, como si ya no se tuviera demasiada conciencia de lo que se está haciendo. Y hacer del recuerdo una ficción, dice, y recuerda que la lectura era algo que le quitaba el aburrimiento. Hace el recuento de las lecturas de infancia, Hansel y Gretel, y de intentar el poema desde los trece, a los catorce años ya, el problema con la sociedad.

Pondera la vida vallejiana de Walter Adet, su amistad con Regen, Ovalle, Andolfi y Manuel Castilla. Los referentes lo predisponen a la escritura, presencias motivadoras que enseñan a hacer lo que se practica por instinto y con dolor. El dolor, oh, el dolor. Pero

¿es que hay dolores más importantes que otros, una jerarquía del desgarro? Sin dudas observa un orden del dolor.

La vida y la obra o la obra y la vida, lo sugiere con tristeza, lo confirma con su cuerpo. La tragedia de la condición humana le corresponde a cada individuo de la especie. “Es un juego, dice, cada uno cumple su rol”.

En el mar de la tranquilidad del Bar Saiquita no se siente excluido, ni ajeno. A veces la vida se le presentaba como un cuento contado por un loco lleno de furia y ruido. Tal como le sucedía al bueno de Shakespeare, pasillos de instituciones o tierra baldía, formaban parte de la misma infamia. El rengo Walter estaría ahí para consolarlo y

cobrarle los vinos, mientras todos en algún momento de la noche, juegan al sapo o cantan una vidala luctuosa. “Cada vez comprendo más a Antonin Artaud en Carta a los Poderes”, dice sentado sobre una pirca.

Fue editor, tenía una imprenta, y a pesar de su precaria condición económica publicó el imprescindible Incesante Memoria de Kuky Herrán, publicó a la profesora Alicia Poderti y también a Rosa Machado, Canción de la Ballena, pero se lo juzga con malicia pero más con ignorancia, de pertenecer a las filas patriarcales.

“Qué hubiera pasado si no habláramos de todo esto”, dice en el filme.

Sugiere: en la comparsa observar lo pequeño, el encuentro, la función de la repetición, la danza, la poesía. El arte del canto. Habla de un sustrato, se pone más serio que de costumbre. Su alegría es cosa seria, beber ya es un asunto muy serio.

Se filma la intensidad. El testimonio del poeta en la plaza de su pueblo y el paso de las vacas que irrumpe la continuidad de un flujo discursivo. El significante dando vueltas. La tropilla. Pensar en el padre.

Parece que Ramírez, el director, le da algunas instrucciones y lo filma caminando o sentado, sin dudas ya no es el Ramón que conocí, y ahora, con los años acumulados de este lado del lente casi no reconozco al ser apesadumbrado que camina con dificultad y vencido. Yo lo conocía saltando, bailando, dando órdenes, trabajando, iluminado frente a sus escasos alumnos, terminó dando clases en un colegio para adultos mayores en Cerrillos, expulsado de las casas de estudio.

Nos explica que en la comparsa y en la poesía encontramos honestidad, nada puede sostenerse demasiado tiempo simulando, dice, por eso el arte es revelador y exige honestidad.

“Tengo un sueño recurrente con mi padre, camino detrás de él y veo toros, tengo imágenes”. “Yo atrás de mi padre, a veces caigo en el vacío”.

Dice, “El poeta se dedica al estudio, el poeta se mueve con el estudio, a veces busca reemplazar ese movimiento con las presencias en el bar”. El bar es la honestidad y un aprendizaje. Pondera el valor de la tradición en la poesía salteña. Le gusta la observación que hace Enrique Molina, a propósito de las doce mujeres que acompañan al General Arenales en el monumento en la plaza central de la ciudad. Entiende que hay en la ciudad una disposición poética, como en Andalucía, dice. Ideología e Imagen.

El prestigio de la palabra escrita, dice y es como si pensara, el prestigio en la comparsa lo da el compromiso. Luego explica el ruido y la tranquilidad. El poeta como filtro de ese ruido, de ese ripio que luego se encuentra en la escritura. La soledad junto a la máquina en diálogo permanente con la furia.

En el carnaval recomienda ver la confluencia del ayer y del ahora. Y saber que a veces en Salta las cosas se reducen a un monumento.

Sobre las opiniones vertidas desde la autosatisfacción académica, sólo agregaría a la última y triste polémica surgida en las aulas, que no es con reproches morales como se sale del atolladero de la era literaria e invitaría a ver la película a quién le caiga el sayo. El poeta advertía, hay que hacer las preguntas precisas. Su vida hecha de una espesura tan contradictoria como la de cualquiera, una travesía que coincidía con la de su clase, con la de su barrio, la de su comparsa. Rara, confusamente emergen estas conciencias en el seno del pueblo y resulta obvio que los desclasados no las entiendan.

Bajo la sombra de la palta del fondo de su casa bebimos despaciosamente siestas y vinos blancos, alguna vez recitó de memoria a Rimbaud y hasta se animó con un verso en francés. Litto Nebbia o Dino Saluzzi golpeaban la puerta de su casa a deshora, y adentro, amanecidos de coplas, Yutronich, Pequinés Lamas, Buscanido y algún poeta volviendo del Cuzco.

Hay cuestiones que la máquina de Ramírez ya no llegó a captar porque Ramírez fue como director sobre el testimonio vivo del poeta y ya no hubo lugar para reconstruir su historia, sus hazañas ni traducir su cristalina presencia en un ícono de la poesía contemporánea.

No le hacía el mal a nadie; los que lo quisimos, lo quisimos mucho, más que su madre a Ustedes, patotas de todas las Castas.